RENACIMIENTO

La Imprenta


Hacia la mitad del siglo XV se dio a conocer la imprenta en Europa, aunque éste no había sido un descubrimiento nuevo. En efecto, el libro impreso más antiguo que se conserva, estampado con grabados de madera, procede de China y al adaptar el colofón que lleva con la cronología occidental indica que fue impreso en el año 868. Esta fecha pone de relieve que el arte de la impresión se conocía desde mucho antes y que se produjo inicialmente en China. Ahora, lo que sí hay que decir es que los fines iniciales de la impresión en China eran diferentes a los propuestos por los europeos. Para los chinos la impresión cumplía con el deseo, no de difundir el saber, sino de obtener ventajas religiosas con la reproducción fiel de una imagen o un texto sagrado (36). Otra diferencia importante entre el arte de imprimir en Oriente y Occidente era los materiales utilizados. En Europa se imprimía con tipos móviles de metal (pequeños bloques de plomo que tienen en relieve un signo o una letra) mientras que en China y en otros países asiáticos influidos por esta cultura la impresión se hacía con bloques de madera.

El inventor de los tipos móviles en Europa fue Johann Gutenberg (1.394-1.468), quien además también se encargó de solucionar gran parte de los problemas con que se enfrentaría el impresor para hacer su labor eficiente. Debido a la cantidad reducida de caracteres distintos que tiene el alfabeto romano, el tipo móvil, fabricado en metal y en grandes cantidades para cada letra individual, ejerció gran influencia en la imprenta de Occidente. Esto no fue posible en China pues la enorme cantidad de ideogramas no era apropiada para el tipo móvil intercambiable. El primer libro datado e impreso con tipos móviles de metal fue la Biblia de “Gutenberg” que apareció poco antes de 1.456 aunque sin colofón. Gutenberg se encargó de adaptar la prensa de tornillo de madera que usaban los encuadernadores para asegurar que los tipos estuvieran unidos y poder oprimirlos con fuerza. De esta manera se obtenía una impresión uniforme. También solucionó el problema de la tinta pues se necesitaba una que no se corriera de los bordes del grabado. Afortunadamente el problema del papel ya estaba resuelto pues los chinos ya lo fabricaban.

El arte de imprimir o como lo llamaban los primeros impresores, ars artificialiter scribendi, o el arte de la escritura artificial, tenía como propósito original producir grandes cantidades de un manuscrito y de igual calidad. A medida que la imprenta se hizo más popular los precios de los libros impresos fueron bajando y los copistas se vieron en serios aprietos. Al final lo que tuvieron que hacer fue colaborar con los impresores. Durante el período posterior a la Biblia de Gutenberg se pudo observar la competencia de lo viejo, los manuscritos, con lo nuevo, los libros impresos y el triunfo de éste último conllevó a la popularización de muchos manuscritos. Las obras ya no aparecían en latín solamente, sino también en lenguas vernáculas por lo que el conocimiento, antes privilegio de eruditos y de gente rica, se hizo más público que nunca.

Las imprentas se multiplicaron de manera sorprendente. A partir de la única imprenta en Mainz en 1.457, en sólo veintitrés años se establecieron imprentas en 110 ciudades (37). Por tanto, los libros se incrementaron en grandes proporciones y para el año 1500 ya existían cerca de diez millones de libros impresos en circulación. Los ejemplares de cada libro también fueron creciendo en número; hacia 1.480 se imprimían a lo sumo cien ejemplares por libro y para 1.500 la producción sobrepasaba fácilmente los mil ejemplares lo cual produjo el abaratamiento de los libros y la consecuente facilidad de adquirirlos para mucha gente.

El aporte de la imprenta para el nacimiento de la ciencia experimental fue tan importante que las fechas que marcaron el inicio de una nueva concepción de la naturaleza son las de las publicaciones de grandes obras. Entre ellas está la aparición de la primera edición impresa del libro de Nicolás Copérnico De Revolutionibus Orbium Caelestium en 1.543 cuando su autor se encontraba en el lecho de muerte. Según los expertos, con la publicación del Revolutionibus comenzó la revolución científica de la que hicieron parte Galileo y Newton. El mismo año de publicación del libro de Copérnico es el de la publicación del libro de Vesalio sobre sus estudios de anatomía, De humanis corporis fabrica, el cual le valió la fama a medida que se difundía por toda Europa. Con este libro Vesalio dio a conocer que la anatomía “humana” de Galeno era sólo el conjunto de afirmaciones generalizadas con base en el estudio de otros animales. Este fue, por supuesto, un paso importante para la medicina pero el llamado a abrir el sendero de la medicina moderna fue un hombre contemporáneo de Vesalio y de apodo “Paracelso”.

Paracelso

En 1.493 en Zurich nació un hombre que sería bautizado como Aureolus Philippus Theophrastus Bombastus von Hohenheim y que posteriormente adoptó el nombre de Paracelso que significa en contra de Celso y con lo cual hizo público su desprecio de aquella gran autoridad médica romana y del conocimiento médico antiguo aún vigente. Paracelso fue llamado a Basilea y debido a su éxito en tratar al famoso humanista protestante Johann Frobenius fue nombrado catedrático de la universidad de dicha ciudad. Sin embargo, pasando por encima de todas las autoridades en medicina de su época, no usaba el latín para dar sus clases sino el dialecto local del alemán con lo que violaba el juramento hipocrático que obligaba a los médicos a ocultar su conocimiento. Aparte de esto en el año 1.527 quemó en una hoguera una copia de la obra de Galeno y del Canon de Avicena y declaró públicamente que sus clases de medicina se basarían en su propia experiencia con los pacientes. Con esto y con una serie de discusiones con los jueces se creó una atmósfera hostil en Basilea y el 1.529 se vio obligado a marcharse de allí.
La idea que Paracelso tenía de una enfermedad era diferente de la idea dominante. Para los médicos de la época, la enfermedad era el resultado de la perturbación del equilibrio de los humores del cuerpo, idea que había sido heredada de los autores clásicos; mientras que para Paracelso, una enfermedad no era debido al desajuste de los humores, que según él eran una invención de los eruditos, sino a un agente externo. Para curar una enfermedad sólo era necesario encontrar una sustancia que eliminara o anulara los efectos del tóxico y así toda enfermedad, en principio, podía ser curada.

Por supuesto, las medicinas que Paracelso prescribía no eran los tradicionales remedios de Galeno sino nuevas que él había inventado aplicando sus talentos de alquimista. De esta manera se inauguró un nuevo uso de la alquimia: la Iatroquímica, el arte de convertir los minerales y metales en medicinas, y un nuevo propósito: buscar la salud antes que la riqueza. Además de considerar los dos principios alquimistas de los árabes, el mercurio, que representa lo denso y permanente, y el azufre, que representa lo inflamable y pasajero, adicionó un tercero, la sal como principio de incombustibilidad y de fijación.

Casi todos los libros que Paracelso había escrito no fueron publicados cuando él estaba vivo debido a la oposición que tenía de los eruditos en medicina. Sin embargo, pocas décadas después de su muerte las imprentas publicaron sus libros y los académicos nada pudieron hacer para que sus ideas se difundieran. Es así como las diferencias con el conocimiento clásico comenzaron a ser cada vez más enormes y poco a poco se hizo evidente la elaboración de otros esquemas que estuvieran de acuerdo con los nuevos hechos; en otras palabras, la ciencia moderna estaba naciendo.

1543-1704: Imprenta: Motor de la Revolución Científica

1543: Nicolás Copérnico publica “De Revolutionibus Orbium Coelestium”
1543: Andrea Vesalius publica “De humanis corporis fabrica”
1550: George Bauer, Agrícola, publica “De Re Metallica"
1600: William Harvey publica “Exercitatio anatomica de motu cordis et sanguinis in animalibus”
1609: Johannes Kepler publica "Astronomia Nova"
1610: Galileo Galilei publica "Siderius Nuncius"
1628: William Harvey publica “Exercitatio anatomica de motu cordis et sanguinis in animalibus”
1632: Galileo Galilei publica “Sobre Dos Principales Sistemas del Mundo”
1638: Galileo Galilei publica “Dos Nuevas Ciencias”
1644: René Descartes publica "Principia Philosophiae"
1661: Robert Boyle publica "The Skeptical Chemist"
1662: Se funda la Royal Society en Londres
1687: Isaac Newton publica “Principia Mathematica Philosophiae Naturalis"